29
de Octubre de 2024. Restaurante típico cercano a la Generalitat
Valenciana.
Los dos comensales acuden al reservado a la hora de los elegantes, poco antes de las 15:00
El atento y castizo “maitre” saluda solemne a la ilustre pareja y hace que un camarero les sirva un aperitivo breve pero selecto. Pregunta al anfitrión si beberá lo de costumbre y este asiente, la dama tomará otra cosa.
Ya pasan de las 15:00 cuando el atento maitre se dispone a leer la delicias de la carta a la distinguida pareja. Entre dudas, uno de los dos elige:
Tiras de pollo cajún con salsa de mostaza/miel. Una delicada elaboración elaboración de “ pollo marinado con especias cajún: ajo, pimentón, cayena, comino y orégano”.
El otro:
Torpedos de langostinos con salsa tártara . Otra exquisita elaboración a base de langostino pelado y cobertura de pan japonés.
Ya sabemos que a los importantes no se les pregunta si van a compartir, allá ellos con su confianza.
Los comensales conversan de lo suyo, picoteando el aperitivo previo a sabiendas de que en ese lugar los platos no están precocinados. No hay prisa.
Como plato principal, dice el anfitrión que “en Valencia un hombre público no puede comer sino arroz, bomba por supuesto”
La invitada prefiere “Confit de pato asado al horno”
El maitre celebra su elección.
Ya se sabe que el arroz necesita entre veinte y treinta minutos y el confit, no se sabe; pero en estos casos, el servicio nunca advierte de que la cocina cierra a las cuatro, faltaría más.
El anfitrión comenta a su pareja: “Yo vengo a menudo a picotear aquí, això està a tir de pedra de la faena”.
Tony Soprano dice que “En la mesa no se habla de política ni de negocios”, pero esta es una reunión política y quién sabe si de negocio; así que la conversación se anima hasta que llegan los platos principales.
Se acerca la hora del té de los ingleses y de la cena de los americanos cuando el maitre se acerca discreto para ofrecer los postres de casa.
Tras los cafés, la pareja se despide cordialmente.
No es así de extrañar que ante tan suntuoso ágape el galante anfitrión llegara a las siete de la tarde a la faena, cuando ya en la rambla del Poyo bajaban 1.700 metros cúbicos por segundo de agua, se contaban 231 víctimas entre muertos y desaparecidos y más cien mil vehículos navegaban hacia su cementerio marino
¡Bon Appetite!
No hay comentarios:
Publicar un comentario