Defiende que el mejor antídoto para frenar los populismos es que “España funcione, que no funciona”
Génova ve preferible perder diputados en beneficio de la ultraderecha y poder gobernar que quedarse en la oposición como en 2023
¡Pues, ala, hombres de pro! ¡El fascismo al poder!

La intervención militar es la muestra más representativa de la política exterior que pretende extender
Se acabó el Estado de Derecho, se acabó el ius gentium (Derecho Internacional), se acabó el habeas corpus, se acabaron todas las normas de convivencia pacíficas. Se impone la ley de Roy Bean, del juez de la horca.
Unos cuantos mamarrachos narcicistas chulescos, autoritarios, poderosos, mafiosos y que no paran en mientes por asegurar su siniestro poderío intentan trastocar el ya precario orden mundial.
En Israel, un delincuente común y asesino genocida trata de exterminar a todo un pueblo, a toda una etnia, para apoderarse de su territorio y convertirlo en un resort turístico a compartir con su compinche yanqui, experto en esa clase negocios. ¡Cuántos más palestinos asesine impunemente, menos defensores de su pueblo quedarán!
El salón de lujo de la Casa Blanca en Washington recibe con todos los honores a un tiparraco representante de Alá que es un simple descuartizador de seres humanos, como el vampiro de Duserdolf o Jack el destripador. ¡Y todos tan contentos porque va a invertir los frutos de su petróleo en los EE.UU.!
En Rusia, otro, un ex policía narcisista envenenador de sus rivales políticos, invade países, como los que plantaban banderas en territorios recién "descubiertos" obligando a incas y aztecas supervivientes a someterse al poderío de los austrias. Y ahora, tras los desmanes del exfuncionario de la Lubianka, todos piensan que hay que concedérle territorios como botín de guerra.
Y hoy, otro narcisista medio idiota, otro delincuente común por múltiples tropelías, que en un minuto decide una cosa y su contraria, pero que es el tipejo más poderoso del mundo, el que ocupa países para apoderarse de sus riquezas naturales, el que manda asesinar impunemente y quiere ponerse la corona de emperador del mundo como Napoleón el Grande.
Pero, quédemonos en nuestro patio. Aquí quien manda es el Tribunal Supremo, que solo responde ante sí mismo Es el que decide la suerte de cualquiera, como ha sido el caso del Fiscal General del Estado, dizque con el solo fin de favorecer al amante de una política verdulera que el fondo es más tonta que un zapato. Un fical defenestrado y condenado ¡SIN PRUEBAS!
Un instructor que ningunea a unos periodistas, a mi juicio mucho más serios y honrados que él, a los que insta a renunciar a sus derechos constitucionales de no desvelar sus fuentes. Un claro caso de prevaricación a mi entender.
Un presidente del tribunal que condena al fiscal, que en una reunión con abogados a los que cobra por sus servicios y son parte de la acusación contra el fiscal, bromea de forma chulesca sobre una sentencia, probablemente dictada antes del juicio. Un tipo que intenta amendrentar a un periodista de la talla moral de José Precedo.
Y el inefable Marchena, el que pretendía ser el "juez supremo", pero al que una indiscreción del patoso senador del PP Ignacio Cosidó, frustró sus propósitos. Marchena escribió una carta a la opinión publica que a mi juicio era una muestra de hipocresía, pero ¡Ahí está, escribiendo libros!
Decían entones:
ASEGURAN QUE "PARECE UNA PELÍCULA DE MAFIOSOS"
En el disparatado juicio de las últimas páginas de 'Alicia en el país de las maravillas', de Lewis Carroll, el Rey reclama al jurado que considere primero las pruebas y luego dicte la sentencia, a lo que la Reina se opone firmemente: –No, no –protestó la Reina–. Primero la sentencia… después las pruebas.
–¡Valiente idiotez! –exclamó Alicia alzando la voz–. ¡Qué ocurrencia pedir la sentencia primero!”
Parece que lo que en la fábula de Carroll era una diversión infantil, el Tribunal Supremo lo ha convertido en triste realidad. A mi juicio, todo el proceso ha sido una farsa grotesca con el único fin de desgastar al Gobierno y exonerar al delicuente (así lo confesó su abogado), al noviete del ático donde vive la Sra. Ayuso.
Han lanzado un fallo sin pruebas, las únicas pruebas fehacientes han sido las de los periodistas que unánimemente declararon haber recibido y contrastado la noticia antes que el FGE. Unas declaraciones despectivamente rechazadas por el juez intructor y no consideradas por el Tribunal que juzgó al FGE, que ha basado el fallo en meros indicios maliciosos de la UCO y del resto de la banda lawfare, con tontunas notariales tales como la de "unidad de acto".
Según contaban los abogados del fiscal, ni este ni ellos sabían en algunos momentos de qué delito se le acusaba. Parece que los cinco conservadores cambiaban de delito a su coveniencia.
Quizá estén tardando tanto en pronunciar la sentencia porque estén analizando minuciosamente cada palabra con la que justificar el desafuero y no dar, así, facilidades a los que sin duda van a negar la validez de esta chapuza judicial.
Ciertos estudios muestran que al menos el 80% de los jueces y fiscales son conservadores, es decir, votan al PP o a VOX, y los ha elevado a altas instancias un CGPD que durante cinco años los nombró con el mandato caducado. No importaba que no hubieran hecho una oposición: hubieran nombrado a un bedel solo por ser un facha redomado. Al final, un decreto del Gobierno les negó seguir haciendo nombramientos mientras estuvieran con el mandato caducado. Lo que nos preguntamos es por qué no lo hicieron antes.
Creo rotundamente en que no soy un paranoico. Ya sé que cada uno de esos esos lunáticos niega serlo, pero créanme, no soy uno de ellos. ¿Por qué han de creerme?: fácil; cuando me pregunto ¿confías en tí mismo y en lo que dicen de tí, por malo que sea?, la respuesta es, ¡rotundamente, sí!
Lo cual reafirma mi teoría del duende que habita mi casa desde hace algún tiempo.
Veamos, todo empezó poco después de la pandemia. Un día. haciendo algún tipo de bricolage, fuí de golpe a echar mano a la espátula con la que estaba trabajando, y héteme aquí que no la encontré. Tras más de una hora dando vueltas por una casa no demasiado grande, decidí bajar a la ferratería y comprar una nueva. Se lo comenté al ferratero, y el hombre, muy juicioso, me dijo, hace usted bien, por tres euros no se va a pasar media vida buscando la espátula.
Después vino lo de el resumen de un poemario de un premio mexicano de la letras, un regalo de su para mí muy querida hermana. Se lo dí a leer a mi gran amigo JF, poeta él, que no mostró gran aprecio por la obra del vate mexicano. Días después decidí reerlo tratando de encontrar por qué JF no había apreciado los versos del cuate, pero el libro había desaparecido. Revisé toda la biblioteca y, ¡ni flores del poemario, hasta hoy! En un acto imprudente, le pregunté días después a JF si se lo había llevado por descuido; naturalmente era una pregunta retórica, ante la cual simplemente encogió un hombro y ni me contestó.
No hace mucho, tras la pandemia, un día compré en Benidorm un CD a un comedian standalone inglés, a un cuentachistes mayorón, pero que tenían cierta gracia añeja. Lo oí en casa y poco después intenté copiarlo para regalárselo a JF, pero fue imposible encontrarlo. Revisé todos los CDs por si se hubiera metido en otra funda, y ni por esas; pasó inmediatamente al baúl de los recuerdos, como la espátula; con la agravante de que la espátula era reemplazable y el viejo comediante ya estaría en un cementerio de Liverpool.
Otro día, la afeitadora dejó de funcionar; acabé afeitándome con una cuchilla y pensé averiguar si lo que fallaba era la maquinilla o el cable transformador, cosa fácil de comprobar. A día de hoy el maldito cable transformador no ha hecho acto de presencia y sigo afeitándome con cuchilla.
Otra pérdida notable ha sido la de un baulito donde guardaba las pilas, y tenía por los menos 20 AAA's y otras tantas AA's, además de algunas parapepilédicas de 9V y otras cilíndricas de más alto voltaamperaje. Bajé al chino a comprar la pila para el riego automático, y el cable andará por ahí perdido. Solo el duende lo sabrá.
Otra de las pérdidas más lamentables ha sido la de la pata del mono bombilla, un regalo de mi hija Sara, ahora solo tiene tres patas, y cada vez que ella viene la echa de menos. Por cierto, el último en juguetear con el mono fue el cuate JF. ¡Bah, pura casualidad!
Bruno, mi hijo, dice que es el gato el que me esconde las cosas debajo del sofá; pero el viejo Hegel va a cumplir 18 años y ya no está para esos trotes. Su última travesura fue esconder con la patas mis gafas detrás del televisor. La asistenta, Neli, las encontró en una de sus limpiezas a fondo.
Pero lo más serio ocurrió anoche. Fui al congelador, saqué una jarra escarchada para volcar una cerveza; abrí el bote y ¡la jarra ya no estaba allí! Tampoco era cuestión de dejar que se calentara la birra mientras buscaba la jarra, así pues, encontré un vaso del tiempo y volqué la cerveza en él. ¡Hasta hoy!
¡Creo en la convivencia! Tampoco puedes emprender una lucha a muerte contra un enemigo desconocido, contra un okupa travieso, ¿o no?.
JGM, 14 Oct 2025
Al sacar una camisa del armario descubro un ojal roto. Es una camisa que, fuera de ese descosido, considero aún utilizable. No es cosa de llevarla a un taller de remiendos- si es que aún existen las zurcidoras-, ni decirle a la asistenta que lo cosa, -no está en sus funciones y podría pensar que soy un rata-; tampoco llevarlo a un contenedor de textiles para que, apretujada en un fardo, haga una larga travesía hasta un puerto perdido del lejano Oriente y acabe como material de construcción. La globalización y el capitalismo salvaje son así: metes una camisa rota en un contenedor en Madrid y años después aparece aislando tabiques en Manila.
Así pues, manos a la obra, a enebrar, que es lo más difícil.
Pero llega entonces la coincidencia, eso que solo puede pasar una vez de pascuas a ramos, pero que inesperadamente aparece. Antes de buscar la caja de los hilos, acabo de leer el episodio 33 en la ultima novela de Enrique Vila-Matas y me encuentro con la misma situación: Robert Walser descubre un ojal rasgado en una camisa y hace un hermoso canto a un modesto botón.
Robert Walser, el poeta
minimalista suizo que decidió el día de Navidad de 1956 adentrarse
en la nieve hasta morir congelado. No fue suicidio, sino que como
dijo Manuel Rivas de uno de los personajes de su novela “Detrás
del cielo”, se murió porque quiso.
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No resisto así la tentación de trancribir aquí ese bello relato:
Robert Walser, Discurso a un botón
“ Un día en que estaba cosiendo el ojal de una camisa que había reventado con un fuerte estornudo, se me ocurrió de pronto, mientras trabajaba como una experta costurera, dirigir al botón, aquel muchachito fiel y modesto, las siguientes palabras de agradecimiento, murmuradas para mis adentros, aunque probablemente por eso tanto más sinceras. “Querido botoncillo”, le dije, “¡cuánta gratitud y reconocimiento te debe aquel a quien vienes sirviendo hace ya varios –más de siete, creo-, con tanta fidelidad, celo y perseverancia, y a quien, pese a todo el olvido y falta de atención de los que se ha hecho culpable para contigo, nunca le has recordado que alguna vez debería elogiarte un poquito”. “Esto es lo que va a ocurrir hoy, cuando por fin he logrado ver claramente lo que significas y cuánto vales, tú, que durante todo tu largo y paciente tiempo de servicios jamás te has situado en primer plano para sacar provecho de una bonita iluminación o buscar algún efecto lumínico bello, deslumbrante o en verdad llamativo, sino más bien, con una conmovedora y deliciosa modestia que, sin duda, jamás será suficientemente apreciada, te has mantenido en la más discreta de las discreciones, practicando tu querida y hermosa virtud en un estado de perfecta felicidad. “¡Cómo me alegra ver que has dado muestras de tener esa fuerza basada en la probidad, la diligencia y la renuncia al elogio y al reconocimiento a los que aspira todo el que realiza algo!” “Sonríes, mi estimado, y, según advierto, te ves ya por la desgracia bastante deteriorado y consumido. “¡Querido! Deberían tomarte como ejemplo los que viven acosados por la manía del aplauso permanente y podrían derrumbarse y morir de pena, despecho y humillación si no se sintieran continuamente mimados, abanicados y acariciados por el efecto y la estima generales. “Tú, en cambio, eres capaz de vivir sin que nadie se acuerde, ni lejanamente, de que existes. “Tú eres feliz, pues la modestia se hace feliz a sí misma, y la fidelidad se siente a gusto consigo misma. “El hecho de que no te des importancia alguna, de que sólo seas –o al menos lo parezcas- un ser dedicado a realizar un “Tú, en cambio, eres capaz de vivir sin que nadie se acuerde, ni lejanamente, de que existes. “Tú eres feliz, pues la modestia se hace feliz a sí misma, y la fidelidad se siente a gusto consigo misma. “El hecho de que no te des importancia alguna, de que sólo seas –o al menos lo parezcas- un ser dedicado a realizar una misión en la vida, de que te sientas enteramente consagrado a ese silencioso cumplimiento del deber que puede denominarse una rosa de exquisito perfume, cuya belleza es casi un enigma para ella misma, cuyo aroma perfuma sin la menor intención, porque es su destino… “El hecho de que, como decía, seas lo que eres y como eres, me fascina, conmueve, emociona, impresiona y hace pensar que este mundo, tan pródigo en fenómenos desagradables, hay de vez en cuando cosas que te hacen feliz, alegran y serenan al que las ve”.
JGM