
El ataque anticipa el nuevo orden que Trump quiere imponer
La intervención militar es la muestra más representativa de la política exterior que pretende extender
Se acabó el Estado de Derecho, se acabó el ius gentium (Derecho Internacional), se acabó el habeas corpus, se acabaron todas las normas de convivencia pacíficas. Se impone la ley de Roy Bean, del juez de la horca.
Unos cuantos mamarrachos narcicistas chulescos, autoritarios, poderosos, mafiosos y que no paran en mientes por asegurar su siniestro poderío intentan trastocar el ya precario orden mundial.
En Israel, un delincuente común y asesino genocida trata de exterminar a todo un pueblo, a toda una etnia, para apoderarse de su territorio y convertirlo en un resort turístico a compartir con su compinche yanqui, experto en esa clase negocios. ¡Cuántos más palestinos asesine impunemente, menos defensores de su pueblo quedarán!
El salón de lujo de la Casa Blanca en Washington recibe con todos los honores a un tiparraco representante de Alá que es un simple descuartizador de seres humanos, como el vampiro de Duserdolf o Jack el destripador. ¡Y todos tan contentos porque va a invertir los frutos de su petróleo en los EE.UU.!
En Rusia, otro, un ex policía narcisista envenenador de sus rivales políticos, invade países, como los que plantaban banderas en territorios recién "descubiertos" obligando a incas y aztecas supervivientes a someterse al poderío de los austrias. Y ahora, tras los desmanes del exfuncionario de la Lubianka, todos piensan que hay que concedérle territorios como botín de guerra.
Y hoy, otro narcisista medio idiota, otro delincuente común por múltiples tropelías, que en un minuto decide una cosa y su contraria, pero que es el tipejo más poderoso del mundo, el que ocupa países para apoderarse de sus riquezas naturales, el que manda asesinar impunemente y quiere ponerse la corona de emperador del mundo como Napoleón el Grande.
Pero, quédemonos en nuestro patio. Aquí quien manda es el Tribunal Supremo, que solo responde ante sí mismo Es el que decide la suerte de cualquiera, como ha sido el caso del Fiscal General del Estado, dizque con el solo fin de favorecer al amante de una política verdulera que el fondo es más tonta que un zapato. Un fical defenestrado y condenado ¡SIN PRUEBAS!
Un instructor que ningunea a unos periodistas, a mi juicio mucho más serios y honrados que él, a los que insta a renunciar a sus derechos constitucionales de no desvelar sus fuentes. Un claro caso de prevaricación a mi entender.
Un presidente del tribunal que condena al fiscal, que en una reunión con abogados a los que cobra por sus servicios y son parte de la acusación contra el fiscal, bromea de forma chulesca sobre una sentencia, probablemente dictada antes del juicio. Un tipo que intenta amendrentar a un periodista de la talla moral de José Precedo.
Y el inefable Marchena, el que pretendía ser el "juez supremo", pero al que una indiscreción del patoso senador del PP Ignacio Cosidó, frustró sus propósitos. Marchena escribió una carta a la opinión publica que a mi juicio era una muestra de hipocresía, pero ¡Ahí está, escribiendo libros!
Decían entones:
ASEGURAN QUE "PARECE UNA PELÍCULA DE MAFIOSOS"
Enorme malestar entre los jueces del Supremo por el mensaje filtrado de Cosidó: "Es bochornoso. Es indigno para representar a la democracia"
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