¡Bueno, bueno, bueno! Cada
vez está más claro que el conflicto quintosecular entre los reinos de Castilla
y de Aragón ha alcanzado un punto crítico: Es evidente que la emergente
República Catalana (hermoso nombre para una nueva nación) tiene poco que hacer
dentro del Reino de España –o de lo que quede de él.

Apenas un quinquenio
atrás, pocos podíamos pronosticar que el irredentismo nacionalista catalán
pudiera alcanzar estas cotas de solidaridad independentista.
La historia es un
proceso sin sujetos ni fines, dijo aquel filósofo marxista en el siglo pasado, pero
el proceso histórico ha mostrado que sí hay “sujetos”, fulanos, que pueden cambiar su curso con su audacia o influencia
perversa: Napoleón, Hitler,…
En el caso que nos
ocupa hay uno de esos sujetos de menor empaque, que por su reconocida
estupidez, algo que un inglés partidario del UKIP, expresó públicamente en el Parlamento europeo:
Que Mariano Rajoy”era el político más inepto de la Comunidad Europea” (Sabido
es que los niños y los borrachos dicen las verdades), ha contribuido
significativamente a acelerar un rebrote delhistórico independentismo catalán
Dicen algunos
politólogos que cuando un líder populista aparece en la ventana de su “palacio”
y ve la gran plaza llena de una multitud
que lo vitorea, la suerte está echada, generalmente para mal.
Pero aquí nos encontramos con el caso contrario, el de
un jefe de Gobierno, que cuando le dijeron -él solo lee el Marca- que había una millonada de ciudadanos catalanes clamando
al unísono por sus derechos nacionales, todo lo que se le ocurrió fue llamarlo
“una algarabía”. Bueno, fue más allá, nombrando a un profundo imbécil como
responsable de algo así como un “Ministerio Anticatalunya”: a un meapilas,
integrista y liberticida, no ya para los catalanes sino para el resto de
ciudadanos del Reino.

Casi un lustro ha
transcurrido desde que este blogger publicara en su blog madre : http://bioteca.blogspot.com.es/2013/02/homage-to-catalonia-2013_12.html un post, en inglés ,sobre lo que se avecinaba
cuando ese bobo de la política se postuló en las calles como adalid de la
“indisoluble unidad de la Nación española”,
recogiendo firmas en la milla de oro
de Madrid entre señoras cubiertas por abrigos de visón y gorros de martas
cibelinas, en contra de un Estatut
democráticamente aprobado tanto por el Parlament
de Catalunya como por las Cortes españolas. Un Estatut, primero “cepillado” por el populista andaluz Alfonso
Guerra y después por un Tribunal Constitucional ajustado con su calzador por
esa lumbrera política, por el actual
prócer de la patria, Mariano Rajoy Brey.
El hecho es que tras
casi ese lustro, la inepcia, la indolencia, la inanidad de un personaje del que uno se hace cruces sobre
cómo él y sus hermanos pudieron conseguir sinecuras tan bien remuneradas como de
tan difícil acceso, ha conseguido lo que ni los independentistas más optimistas
pudieran podido concebir cinco años atrás.
Tras el trágico atentado de la Rambla, ha quedado
manifiesto que Catalunya es una nación capaz de valerse por sí misma, a pesar
de los intentos de aquel funesto Fernández y los sicarios de su policía
política; tipos que parecen salidos de una distopía de George Orwell; así como
la disposición de funcionarios policiales preparados para cualquier
contingencia y un cuerpo de seguridad adecuado.
En una entrevista
concedida por el Presidente Puigdemont al Financial
Times una semana después de los atentados, decía el President:

También expresó Puigdemont
que disponían ya de 6.000 urnas para el referéndum del 1-O.
La duda persiste sobre si fue Rajoy el que
dijo al Borbón de ir en comandita a la Manifestación contra el terrorismo o fue
al contrario. El caso es que se plantaron allá con un séquito que llenó tres
grandes aeronaves: enchufados, comparsas, estómagos
agradecidos, etc, y toda la juerga a costa del erario público, es decir, de
los ciudadanos de a píe.
La diputada de la CUP
Mireia Boya ya había advertido de que "El Rey no es bienvenido para
nosotros", tanto porque esta
formación es republicana como por "las relaciones de amistad y
económicas" que,-véanse las fotos recientes del Rey con los jerarcas de
esos países- mantienen la monarquía
española y las del Golfo Pérsico, como la Qatarí o la de los Emiratos Árabes,
"que son las que están financiando el terrorismo".
El resultado hizo
patente que la mayoría de los catalanes no aceptan ni al Jefe del Estado
español ni a su Presidente del Gobierno, y la nube de esteladas mostraba el anhelo de unos altos dignatarios propios.
La prensa nacional
refirió los abucheos y silbidos tanto al uno como al otro, sin entrar en
demasiadas explicaciones; no así la prensa más radical de la derecha.
Continuaba diciendo el digital
de Pedro J. que “Nunca antes había quedado tan patente la debilidad del Estado
en un acontecimiento de masas, retransmitido en directo por la televisión
pública”. Olvidó quizá decir el periodista que el suceso trascendió allende
nuestras fronteras.
Más radical se mostro La Gaceta, ya que al día siguiente, bajo el titular:
DEL ATENTADO A LA MANIFESTACIÓN