He de confesar que los
referentes a los que los líderes de Podemos recurren me producen un poco de
repelús, de temor indefinido.
Quizá el que más escalofríos
provoque sea el de Julio Anguita, el “referente intelectual” de Pablo Iglesias:
¡Hombre, Pablo!, ¡¿por qué no habría de ser tu referente comunista?!, pero ¿intelectual…?
La
larga lucha de los comunistas españoles, una lucha cuajada de abnegación,
sacrificio y entrega de la vida en muchas ocasiones, se puede considerar
finalizada, amargamente derrotada, con el último intento de Santiago Carrillo
de desprenderse de los dogmas leninistas y entrar en la senda de los
socialtraidores del renegado Kautsky & Co.

En
1985, y en vista de la irresistible ascensión del PSOE, Julio Anguita, un
comunista de provincias, junto con otros miembros de la vieja guardia, decide
defenestrar al líder. El sucesor es un voluntarioso minero asturiano, Gerardo
Iglesias, que dos años después, cede la secretaría a Julio Anguita, permitiendo
al fin salir a este de su feudo cordobés para lidiar en la gran política
nacional. El nuevo líder utilizó esa tribuna para predicar sus sandias
parábolas de las dos orillas y otros discursos vacuos, tales como el de la
“obsolescencia planificada” y otras fábulas de maestro ciruelo.
La
noche del 23 de julio de 1994 se celebró una cena amistosa en casa de Pedro J.
Ramírez, a la sazón director de El Mundo; al parecer Aznar y el periodista planearon
una moción de censura contra Felipe González, con Aznar como candidato a la
presidencia del Gobierno.
Setenta
y dos horas después, Anson publicó en
exclusiva el evento en ABC.
Posteriormente,
este mismo diario publicó las cartas que probaban el famoso “pacto” de Aznar y
Anguita:
La “hazaña” de Aznar tuvo consecuencias nefastas para
IU, que perdió muchos votos en las siguientes elecciones,así como para el resto
de los ciudadanos, con una rebaja importante de la política social y del
impuesto a los ricos, con una Ley de Suelo que desencadenó la burbuja inmobiliaria
y, en el exterior, con su apoyo al genocidio de Irak.
Lenin, admirador de la eficacia alemana, legó a Stalin
un perfecto Estado policíaco, una maquinaria con la que podía conseguirse todo
mediante la coerción, el terror y el asesinato. Fueron casi tres cuartos de siglo de una ingeniería
social contra natura. Resultado: ¿el hombre nuevo? No, otra Nomenklatura de
chekistas , borrrachos, ladrones y truhanes, a los que a día de hoy el COI y la
Comunidad del deporte niegan la participación en los Juegos Olímpicos por su supercherías,
con las que tratan de fabricar atletas-robots como hicieron los comunistas con las
muchachas de la extinta RDA.
Recientemente, subrayaba Pablo Iglesias en EL PAÍS que,
“Podemos
es un partido que tiene rasgos peronistas”.
Resulta chocante que dirigentes
provenientes de la ciencia política puedan disimular que ese populismo clientelar nació al amparo
de un golpe militar en 1944 y que el coronel Perón sentía grandes simpatías por
el Eje en la IIGM.


La venerada “Evita”, recorrió
España, en 1947, nada menos que durante 18 días, siempre en olor de unas
multitudes congregadas por el régimen franquista, que buscaba respaldo y
reconocimiento internacional… Años después volvería a España su cadáver
momificado y profanado.
Parece que este es un fetichismo
de Errejón, quizá por la similitud en lo de “ni derecha, ni izquierda…, ¡arriba
y abajo!” que indefinía al peronismo, o por la veneración que siente por el
teórico político Ernesto Laclau, mentor de la dinastía kircheneriana.
Sospechamos que este otro referente, la traída de Zapatero
por parte de Iglesias como el mejor presidente de la democracia es un simple
intento de ningunear a Sánchez.
José Luis Rodríguez Zapatero, era
un joven político de carrera en el PSOE que en una reñida pugna con el heredero
nombrado por Aznar, el decimonónico político de provincias Rajoy, un comepiedras fiel a aquel, consiguió
derrotarle en dos ocasiones, ¡tampoco tuvo que esforzarse demasiado! ya ha
demostrado este zampasobres su incapacidad cazurra como homme d’etat.
Así pues, en 2004, un cuasi
desconocido J. L. R. Zapatero ganó las elecciones a Rajoy, y el rencoroso Aznar,
reconcomido porque unos magrebíes, mendicantes de la medina madrileña de Lavapíes, fastidiaran
sus planes sucesorios, en lugar de reconocer una derrota por méritos propios promovió
a través de un cómplice aventurero del periodismo una campaña conspirativa.
Curioso personaje ese periodista,
que por un momento pareció destinado a ser el Reichsminister für Volksaufklärung und
Propaganda del régimen de Aznar, pero al que
la difusión de un cutre suceso de porno casero, causó el fin de su carrera
política en un partido tan conservador. Tanto el uno como el otro siguieron
obstinados en una campaña conspirativa hasta que los lectores, hastiados, dejaron
de comprar ese diario, abocándolo a la ruina.
Es una treta similar a la del exfalangista Aznar cuando alababa
la figura de Manuel Azaña, solo para minusvalorar a Felipe González. Aznar aborrece
tanto a Azaña como lo odiaba su ídolo de juventud, el general descuartizado por su yerno y ayudantes.
Otro nuevo caro amigo de Podemos es Arnaldo Otegi, a quien Iglesias
considera “un hombre de paz”. Suponemos que trata de arañar votos entre los
abertzales. Pero, vamos a ver, ETA ha sido una de las tragedias más graves de
la democracia, no ya por los daños causados al proceso renovador sino por la
irreversibilidad de los cadáveres y los duelos de sus deudos. ETA contabilizó
829 asesinatos, la mayor parte tras la muerte del dictador.
Si estamos empeñados en preservar la memoria histórica no podemos pasar página por esta estúpida y sangrienta aventura de una banda de fanáticos, mafiosos y criminales.
Tras la tragedia del 11M en Madrid, Otegi se apresuró a
decir que no habían sido ellos, lo cual da a pensar que este abertzale sabía
quiénes eran los que ponían las bombas y quiénes no.
No Iglesias, no. Otegi no es un hombre de paz, a no ser que
estemos hablando de la “paz de los cementerios”.
JGM
* Según comenta Robert Gellately, es muy probable que Stalin, tras la muerte de Lenin, sobredimensionara su efigie en la foto. Al fin y al cabo su estatura era de 1,62.
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