Pues sí, ese idiota, venido a Presidente por su dinero heredado, necesita rodearse de aduladores obsequiosos, de gente aún más idiota que él, por ello cuando alguno de los que eligió a sabiendas de que no le harían sombra destaca un mínimo o no ha adivinado sus pretenciosos deseos, lo larga sin miramientos.
Es un lugar común entre los narcisistas autoritarios, este mamarracho los despide, Stalin o Hadam Hussein los fusilaban.
Aznar se rodeó de lo más idiota que tenía alrededor. Rajoy, Acebes el chorizo Rato, el no menos chorizo Zaplana -el que reconoció que se metía en política para "forrarse"-, Montoro, que legislaba para el buen postor, la ministra que se encontró con un Porsche en su garage y se sorprendió ¡Ahí va, quién lo habrá dejado ahí!
Eran los más aduladores del genocida de las Azores, pero también los más corruptos, los más rapaces. De esa fauna, de catorce, once o doce resultaron imputados por corrupción, y no acabaron todos en la cárcel por el favor de jueces lawfare tan corruptos como ellos, jueces tan estómagos agradecidos como aquel siniestro tipejo que se tapaba la vista con gafas oscuras para que los ojos no mostraran su vileza.
Moraleja: "No se te ocurra brillar demasiado; recuerda que en el país de los ciegos, al que abre un ojo lo queman por brujo".