No cabía una cuarta bandera, la legítima, la que los
españoles decidieron democráticamente y defendieron durante tres años frente a
los que querían mandar como fuese, y matar a quien intentara impedirlo.
.
Léase en El País de hoy (19/06/2014):
“La policía ha detenido esta mañana en el centro de Madrid a
cuatro personas, acusadas de desobediencia, durante tres incidentes ocurridos
por llevar camisetas y emblemas republicanos, según fuentes policiales”.
. . . . . . . .
“El riesgo potencial que puede suponer la exhibición de
banderas o símbolos republicanos y una concentración reivindicando la República es suficiente,
según la policía y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, para impedirlos.
El riesgo “real” y “cierto” de que se produzcan hoy altercados durante la
proclamación de Felipe VI prevalece sobre las libertades de reunión y
expresión, según el tribunal”.
. . . . . . . . .
“En el caso de la policía, los agentes han impedido exhibir
banderas u otros símbolos republicanos en el recorrido que han realizado el
nuevo rey Felipe VI y su esposa por el centro de Madrid y sus alrededores. El
argumento es que pueden suponer una provocación hacia las personas que sigan el
desfile.”
Solo acciones así pueden salir de la obtusa mente del
ministro de Interior, de ese peculiar vidente que aprovechó una visita a Las
Vegas para recibir el alumbramiento del Mesías, y que, agradecido, otorga la
medalla al mérito policial con carácter honorífico a la Virgen de Nuestra Señora
del Santísimo Amor.
Lo curioso de esta
estrafalaria decisión ministerial es que la demanda de la asociación
aragonesa y laicista ‘Movimiento Hacia un Estado Laico’ -MHUEL- , junto a
Europa Laica, contra ese otorgamiento, fue admitida a trámite por la Audiencia Nacional,
pero la Abogacía
del Estado presentó un escrito en el que señala que la jueza titular, Ana María
Jimena, no tenía “competencia
objetiva para el conocimiento” de la causa porque la Virgen del Amor “no es una
funcionaria”.
¿Quién relataría mejor el suceso: ¿Valle Inclán? o ¿Groucho
Marx?
Pues bien, ese sujeto que piensa que las camisetas o las
banderas son muy peligrosas para los ciudadanos; ese disparatado ministro que controla las
libertades, los deseos, las voluntades de 46 millones de ciudadanos, en vez de
tener una silla en un Consejo de Ministros, cuyas tonterías son secretas,
debería quizá estar en una celda de la Trapa, o, probablemente en el Conxo.
En cuanto al discurso inaugural, Arthur Mas ha venido
a decir que es más de lo mismo, que le "hubiera gustado escuchar que estamos en
un Estado plurinacional”.
Cierto que se trata de lo que venía diciendo, año tras año,
su majestuoso padre, o el cold turkey
de Rajoy.
El nuevo monarca apostó en su discurso ante las Cortes por
“la unidad y no la uniformidad de España”, porque “caben distintas formas de
sentirse español".
Sabido es que tanto a Mas como a Urkullu, cuando oyen la palabra
España o español se les eriza el vello.
En realidad es lo que más o menos dijo su augusto padre en
1975, solo que ahora, que nuestros menguados militares están procurándose
ascensos en el tercer mundo, o preparando el desfile anual de la Victoria, podía haber ido
un poco más lejos en lo de las naciones patrias.
El País, en su intento de superar al
Hola y al ABC por la derecha monárquica se permite, incluso, falsear las edades
de la real familia. Así su redactora Mábel Galaz escribe en el digital del
19/6/2014:
“La hermana menor (sic) del nuevo
monarca fue excluida del acto de proclamación. Vive apartada de la familia real
por la imputación de su marido.”
Según sabemos , no fue solo su marido el imputado, también lo fue la infanta
Cristina, que, aparte del imputación, tiene tres años más que el nuevo rey.
Por su parte la gente del PP sigue pensando en las adhesiones
inquebrantables y las adicciones al Régimen. Así, la representante en Cataluña
del PP, Alicia Sánchez-Camacho, ha acusado a Mas de no haber estado a la altura
de su cargo por "no haber aplaudido" o haberlo hecho de forma leve
durante el discurso.
¡Mal empezamos!
Julio G. Mardomingo
En la foto, un policía se lleva
retenida a una mujer que llevaba una bandera republicana, que requisa y porta
arrugada en la mano (J.R. Robles)